3 de diciembre. Dia internacional de las personas con discapacidad.


Un 10 por ciento de la población mundial, aproximadamente 650 millones de personas, vive con una discapacidad. Son la minoría más grande del planeta, y un 80 por ciento de ellos vive en países en desarrollo.  De entre las personas más pobres del mundo, el 20 por ciento tiene algún tipo de discapacidad. Las mujeres y las niñas con discapacidad son especialmente vulnerables al abuso.  Las personas con discapacidad tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia o violación, y tienen menos probabilidades de disfrutar de intervención policial, protección legal o atención preventiva.  Un 30 por ciento jóvenes de la calle tienen algún tipo de discapacidad, y en países en desarrollo, el 90 por ciento de los niños con discapacidades no van a la escuela.

En el mundo desarrollado, una encuesta realizada en los Estados Unidos en 2004 reveló que sólo el 35 por ciento de las personas con discapacidad en edad de trabajar están realmente trabajando — comparado con el 78 por ciento de aquellas sin discapacidad.  En un estudio de 2003 realizado por la Universidad de Rutgers, un tercio de los empleados encuestados afirmaron que las personas con discapacidad no pueden realizar eficientemente las tareas requeridas en el trabajo.  La segunda razón más común que se dio para no contratar a personas con discapacidad era el miedo a tener que gastar mucho dinero en instalaciones especiales.

Las necesidades y derechos de las personas con discapacidad han sido preocupaciones principales en el programa de las Naciones Unidas durante al menos tres décadas.  Más recientemente, después de años de esfuerzo, se aprobó la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas y su Protocolo facultativo en 2006 y entró en vigor el 3 de mayo de 2008.

«Enable», que da voz al compromiso de las Naciones Unidas de conservar los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad, describe la Convención como señalización de un cambio paradigmático.  Lleva a un nuevo plano el movimiento, lejos de ver a las personas con discapacidad como objetos de caridad, asistencia médica y protección social, a verles más como sujetos con derechos.  Y como tales, son capaces de reivindicar esos derechos y de tomar decisiones en su vida basadas en su consentimiento libre e informado, así como de ser miembros activos de la sociedad.

Fuente: http://www.un.org/es/globalissues/disabilities/

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Un día conmigo…


“Hoy ha sido un día distinto, hoy he podido expresar lo que siento, me dieron voz aunque siempre hablé, expresé mis sentimientos, aunque siempre los tuve…”

A modo de reflexión, dejo un fragmento del relato “Carta de un discapacitado psíquico.”  He decidido convertirlo a formato de audio, por la sinceridad y honestidad del relato, por su enorme significado social, por toda la belleza que esconden esas palabras. Ójala nos sirva para sentir por un momento como piensan, como sienten y como ven a través de sus corazones todas estas personas  una realidad que pasa inadvertida para el resto de mucha gente. Quisiera también aprovechar la ocasión, para agradeceros las muestras de cariño, apoyo y comprensión a la hora de realizar este blog para un colectivo tan sensible a los cambios sociales y educativos que estamos viviendo en la actualidad. A todos vosotros y en especial para ellos: GRACIAS.

AUDIO: http://www.ivoox.com/un-dia-conmigo_md_489360_1.mp3″ Ir a descargar

 

Fragmento extraido de: http://asfoso.blogspot.com/2007/02/carta-de-un-discapacitado-psquico.html

HIPOTERAPIA: El milagroso trote del caballo


Con el término Hipoterapia se denomina la alternativa terapéutica basada en la utilización del movimiento multidimensional del caballo para el tratamiento de diferentes afecciones físicas y mentales.

La Hipoterapia ha demostrado en numerosas ocasiones sus resultados positivos: niños autistas, incapaces de mostrar afecto hacia sus seres más allegados, son capaces de abrazar a su caballo; jóvenes en silla de ruedas han logrado caminar; niños hiperactivos logran alcanzar estados de relajación… son algunos de los “milagros” que el trote de un caballo puede llegar a conseguir.

La Hipoterapia se basa en el aprovechamiento del movimiento del caballo para la estimulación de los músculos y articulaciones del jinete (en este caso, paciente).

A nivel físico la hipoterapia ha demostrado ser capaz de mejorar el equilibrio y la movilidad, de ahí la utilización con pacientes que sufren diferentes parálisis. Pero actúa también en otros planos como el de la comunicación y del comportamiento. De hecho, esta terapia se utiliza en gran medida con personas que sufren dificultades para ingresar dentro de la sociedad.

En general, con esta terapia se han observado:

  • Efectos fisiológicos: aumento de la capacidad de percepción de estímulos, al encontrarse en una situación de movimiento.
  • Efectos psíquicos: se estimula la atención, la concentración y la motivación frente a otros movimientos. Es fundamental el aumento de la autoestima y de la seguridad en uno mismo.
  • Efectos físicos: el caballo tiene una temperatura corporal y un volumen muy superiores al hombre, lo que conlleva una importante transmisión de calor y solidez al ser abrazado y tocado por un niño.

Pero si hay un punto diferenciador, que influye muy notablemente en la obtención de resultados positivos, es que la hipoterapia es asumida por el paciente como una diversión. Se desarrolla al aire libre, pudiendo disfrutar de cuanto le rodea, no en un lugar cerrado lleno de máquinas que en cierta medida pueden suponer una amenaza para el enfermo. Montar a caballo es una terapia, pero es también una diversión y sólo explotando correctamente ambas vertientes se conseguirán los mejores resultados.

El hecho de montar un caballo, rompe el aislamiento de la persona con respecto al mundo, poniendo al enfermo en igualdad de condiciones con respecto al jinete sano. No cabe duda que montando se consigue superar el temor, mejorar la confianza y la capacidad de concentración; al tiempo que hace perder las tensiones e inhibiciones físicas y emocionales. Esto hace que la hipoterapia resulte efectiva no sólo con enfermos, sino también con personas que presentan problemas de inadaptación social.

Todo ello se consigue gracias a que el caballo ha demostrado ser un animal enormemente perceptivo, de inmediato se dará cuenta de que la persona es diferente a los demás y por ello se comportará de forma diferente a como lo haría con cualquier otro jinete.

Son muchos los buenos resultados conseguidos y llenan de esperanza, pero no podemos pensar que se trata de una “cura milagrosa”. La hipoterapia está considerada como un tratamiento alternativo, pero también complementario a los que se utilizan habitualmente. Se ha demostrado que con él se pueden obtener nuevos estímulos complementarios a los conseguidos con tratamientos tradicionales.

http://www.hipoterapia.todocaballos.com/

UN NIÑO DIFERENTE


Una pequeña gran historia real de amor, cariño y comprensión:

Lucía se dió cuenta que su pequeño era diferente, no necesitó la ayuda de ningún profesional para saberlo:  Su carita, la forma rasgada de sus ojitos  fue más que suficiente. Además, nació muy enfermito, con un tumor en el tórax y con un peso muy escaso. Los médicos  le dieron pocas esperanzas  de que el niño sobreviviera a la operación.

La familia reaccionó con cierto alivio. Una hermana de su esposo se atrevió a decir: “Quizá sea lo mejor para el niño y para vosotros; puede que no convenga siquiera que lo operen, al fin es un angelito. Lo mejor es que se vaya…”. También hubieron otras opiniones más prácticas: “Estas criaturas necesitan muchos cuidados, doctores y tratamientos… Lo mejor es que se vaya…”. Aunque con diferentes palabras, en la mente de todos se veía la muerte del bebé como una liberación. Les alentaba la esperanza de que no viviera: “ Eso sería lo mejor para todos”.

Lucía estaba furiosa, con deseos de que se fueran todas las visitas y la dejaran tranquila. Jaime (su marido), no alzaba la vista del suelo. ¿Porqué les había sucedido eso, si eran jóvenes y sanos?

Antes de que se llevaran al pequeño a operar, en su interior, Lucía se decía: “Eres importante para mi, ¡yo, sí te quiero!, ¡no te mueras!”… Llegó incluso a imaginar que quizá con la operación el niño recuperaría la normalidad. ¿Y si sólo se trataba de una equivocación?…

El pequeño Luca, sobrevivió. Los primeros días en casa, fueron terribles, el bebé necesitaba muchos cuidados. No sabía succionar, alimentado con un gotero. Lucía estaba agotada, con una gran opresión en el pecho, se preguntaba una y otra vez ¿Por qué. Por qué?… El único consuelo lo recibió de su madre, una mujer sencilla, afable, con gran sentido de la realidad: “ Mira, así vienen las cosas, hay que tomarlas como son. A este niño lo vamos a querer mucho, no todo lo bueno con lo que se viene a la vida es la inteligencia. Él tiene sus cualidades y va a aportar lo suyo a la familia, ya verás. Pero hay que aceptarlo como es.”  Lucía sintió por primera vez, como un rayo de luz iluminaba su alma, su corazón.

Luca, necesitaba tratamiento para desarrollarse lo mejor posible, tenía síndrome de down. Pero sobre todas las cosas, el tratamiento más efectivo era el del cariño. Necesitaba cariño, mucho cariño.

Así fué como empezó un largo camino, y es que la educación especial requiere mucha paciencia y dedicación. A veces, hay que luchar con las personas de la familia que rechazan al niño y lo hacen objeto de compasión; ellos ven con una cierta dosis de resentimiento que otros niños, los normales, las cosas parecen irles mejor,  sin embargo, cuando Luca alcanza un logro, eso les llena de satisfacción…¡Qué alegría cuando consiguió comer sólo o balbucear sus primeras palabras!… Además es un niño feliz, todo en él son sonrisas, amor, amabilidad… es un niño diferente….

Para Lucía, la discapacidad de Luca no impedía que su vida tuviera sentido, la belleza de su alma pura y transparente hacía que su luz interior brillase más junto a sus seres queridos…

Dedicado para todos los niños discapacitados, sus familiares, amigos y educadores.

3 de Diciembre: Día Internacional de las Personas con Discapacidad

Te acepto como eres


“Hijo mío, yo te acepto tal y como eres, estaré siempre aquí, para educarte, cuidarte, guiarte… pero sobre todas las cosas para hacerte feliz”.

En general, solemos tener una consideración especial hacia la persona con deficiencias físicas, sensoriales o mentales, tanto, que hasta nos cuesta pronunciar las palabras: discapacitado, minusválido, deficiente, inválido, impedido, subnormal
Remitiéndonos a Maud Mannoni (psicoanalista francesa), coincido con ella en que no aceptamos el nombre cuando no aceptamos a la persona o a la circunstancia, ya sea porque nos produce rechazo o dolor.
Sería necesario además, revisar seriamente el concepto de “normalidad”, lo que probablemente haría cambiar nuestra valoración sobre el problema.
“Encontrar un lugar para vivir será tal vez, la tarea esencial y compleja que todo ser humano debe llevar a cabo, con o sin discapacidad física o mental, con mayores o menores dificultades, siempre desde un punto de vista particular y diferente para cada uno”.
Si esto es así, el proceso de integración es más difícil aún para quien es ignorado o considerado como sujeto no válido para la sociedad en general, aunque no siempre esto se verbalice o exteriorice.
Entendemos que integrar, en este caso, significa acercar, compartir, reconociendo y más aún, valorizando las diferencias.
Considerando que la historia de la atención solidaria a la persona minusválida es reciente, advertimos que se han hecho muchas cosas “para ellos”. Es tiempo tal vez, de que se hagan “junto a ellos“, lo que marcaría la diferencia entre vivir por uno mismo, sea cual fuere su circunstancia y vivir de la condescendencia de los demás.

Cuando reclamamos a la sociedad un lugar para la persona discapacitada, nos preguntamos si en la familia se lo damos. Si ser padres constituye la tarea más difícil y delicada, la presencia de un ser con algún tipo de discapacidad, nos pone aún más a prueba. Moviliza nuestros sentimientos de aceptación, solidaridad, humildad y amor desinteresado.

Cuando se ha aceptado la realidad, se comprende de veras y se ayuda eficazmente.
Aceptar un hijo significa conocerlo, asimilar sus limitaciones y estar en permanente búsqueda de sus valores. Aceptar es no avergonzarse de sus torpezas, es saber esperar sin ansiedad, sin exigir lo que no puede darnos, pero sin claudicar en la tarea de enseñar con amor. Aceptar es educar cada día, cada hora y cada minuto.
La ayuda profesional es invalorable, pero se pierde cuando la familia no es el pilar de esta acción educativa, que se extiende a los demás seres de la familia.
Cuando los padres aceptan con amor, aceptan los hermanos, los abuelos, los demás. Pero desarrollar esta fuerza impulsora, es deber moral de los padres.
El éxito o fracaso de la tarea conjunta con profesionales dependerá, en cierta medida, de los sentimientos que los padres hayan podido transferir al resto del grupo familiar: si se lo considera “una carga”, o una oportunidad de ser solidarios y de aprender de ellos y con ellos, otras cosas.
Pero también dependerá del propio discapacitado, de su voluntad, de su deseo de vivir y de su aceptación a las condiciones de vida.

El cariño en la educación especial


¿Tiene que ser el profesor cálido con el estudiante o tener una relación formal que no se involucre con el estudiante?… Esta pregunta, que a priori puede paracer sencilla, cobra muchísima más importancia a la hora de hablar de educación especial, puesto que en este tipo de educación el alumno requiere mayor compromiso de parte del docente pues la discapacidad le exige al profesor más estrategias, mayor creatividad para hacer que sus alumnos comprendan y aprendan y una mayor tolerancia frente a las diferencias de sus alumnos, además cuando un profesor enseña a alumnos con discapacidad, se movilizan sus recursos afectivos, salen a la luz sus prejuicios acerca de la discapacidad.

En los niños, el déficit afectivo se produce tanto por subprotección como por sobreprotección. La subprotección hace que el niño deba afrontar problemas sin tener la capacidad suficiente para superarlos, lo que conduce a un desarrollo desequilibrado de sus capacidades y de su personalidad. Por el contrario, la sobreprotección hace que el niño no adquiera los aprendizajes necesarios para sobrevivir, es decir, que sufra un grave déficit de desarrollo, de modo que, posteriormente, será incapaz de afrontar los retos que le imponga la vida. Ayudar al desarrollo de un niño significa protegerlo de las situaciones que no puede superar y enfrentarlo a las situaciones que sí tiene capacidad para resolver.

¿Cómo tendría que ser el profesor que trabaje en educación especial?

Los niños con discapacidades son demandantes de una gran cantidad de afecto especialmente al conocer las historias de ellos podemos identificar muchas experiencias en las que los padres por no aceptar las discapacidades de los hijos los abandonan o les maltratan son niños que crecen en situaciones carentes de afecto y de muestras de ternura, por tanto al llegar al aula escolar esta demanda de afecto recae en la profesora quien aunque no debería ser la primera fuente de afecto de los niños en ocasiones se convierte en la única que lo proporciona y ahí se vuelve a la pregunta inicial ¿favorece el proceso educativo de los niños especiales que los profesoras de los niños sean afectuosas? Los niños con profesores afectuosos demuestran una mejor disposición y motivación en el aula, presentan mejores relaciones con sus compañeros y sus actitudes son más positivas, los profesores afectuosos se preocupan mas por tener un contacto individual con cada niño (aun en grupos grandes) identificando la manera en que el niño debe ser tratado y conociendo la forma adecuada de reforzar positivamente a su alumno, al realizar contacto físico con el niño el profesor le transmite una seguridad mayor y favorece la formación de una autoestima adecuada, cuando el niño ve en su profesor a una persona cercana puede confiar en el cuándo en el y tendrá a quien acudir en caso de necesitarlo.

 

Un profesor afectuoso es más tolerante a las dificultades que presente el alumno, a los comportamientos desadaptados que presente ocasionados por su discapacidad o por las carencias afectivas a que ha sido sometido, el afecto se puede demostrar con lenguaje verbal o no verbal dentro del aula de clase, contacto visual afectuoso, una caricia, un abrazo, una palabra de felicitaciones o de aliento, pedir a sus compañeros que lo aplauda cuando ha realizado una acción positiva. De igual manera un profesor afectuoso no deja de lados las normas y los límites, el profesor afectuoso debe manejar un equilibrio para determinar cuando debe demostrar al alumno que su comportamiento fue inadecuado y la manera en que debe corregir su conducta. De igual manera debe evitar involucrase demasiado pues esto puede hacer que se afecte con las dificultades del niño lo que le impedirá tomar decisiones adecuadas y objetivas, por eso debe tener muy presente cual es su rol como maestro sin exceder sus funciones para de esta manera dar un trato afectuoso a todos sus alumnos.

Por esto el rol del maestro debe estar muy bien delimitado, encontrando un balance entre la autoridad que no se debe perder en un salón de clase y la vinculación afectiva que se debe tener para promover el desarrollo del menor. Daniel Goleman (2000) en su libro Inteligencia Emocional plantea la importancia de que los profesores y padres realicen en si mismos un proceso de mejoramiento y conocimiento de sus emociones, que les permita dirigir sus emociones de manera que pueda alcanzar resultados exitosos. Esto permitirá que el profesor maneje diversas situaciones dentro del aula de clase. Para responder a la pregunta planteada anteriormente se puede afirmar que el profesor afectuoso si favorece el proceso educativo, pues se ha demostrado que los niños con suficiente contacto avanzan mas en su desarrollo, su capacidad de aprendizaje es mayor y tienen un promedio de vida mas largo, el afecto eleva la capacidad inmunológica del organismo y acelera los procesos de autocuración. La presencia de afecto en el aula disminuye la agresividad y las conductas autoeróticas y estereotipadas, el contacto físico es terapéutico y curativo. El maltrato o la indiferencia produce niños más agresivos, con tendencias a la depresión, incapaces de relacionarse afectivamente y menos motivados ante el aprendizaje.

Fuente: http://www.biopsychology.org/biopsicologia/articulos/que_es_el_afecto.html 
GOLEMAN, D, INTELIGENCIA EMOCIONAL Ed. Javier Vergara, Argentina, 2000

Violencia y discapacidad


A través de la historia nos encontramos con múltiples maneras de discriminar a las personas con discapacidad, en las sociedades antiguas era normal el infanticidio cuando se presentaban anormalidades en los niños y niñas, posteriormente la iglesia católica prohibió el infanticidio, pero dio a la discapacidad un origen sobrenatural, realizándose en algunos casos exorcismos a los niños y personas con discapacidad, en los años 70 la época de la socialdemocracia nazi se esterilizaba a las personas con discapacidad, aún sin su consentimiento, con los avances en la medicina y la psicología poco a poco se han restituido los derechos de las personas con discapacidad a recibir un trato igualitario y a obtener oportunidades de tratamiento, de rehabilitación, de inclusión social, en el 2005 en la 58 asamblea de la Organización de las Naciones Unidas se elaboró un informe sobre discapacidad que plantea que en el mundo existen alrededor de 600 millones de personas con algún tipo de discapacidad y el 80% de estas personas viven en los llamados países en vías de desarrollo, donde las prestaciones de salud son más precarias y deficientes, esta información no sólo debería obligar a los gobiernos a realizar políticas tendientes a mejorar las situaciones de discapacidad de sus ciudadanos, sino que debe servir para que la gente del común reciba una sensibilización frente al tema que disminuya los índices de maltrato hacia las personas con discapacidad.

¿De que manera surge el maltrato hacia las personas con discapacidad, en especial hacia los niños? En muchas ocasiones las situaciones de maltrato se dan desde el momento en que la familia se entera de la discapacidad del niño, múltiples familias con personas con discapacidad, demandan que la actitud del médico pediatra o del personal de salud que les dio la noticia de la discapacidad de sus hijos, marcó su posterior aceptación de la discapacidad del mismo, en la mayoría de los casos de manera negativa, pues frases como “su hijo no sobrevivirá más de unos pocos años”, “su hijo es un vegetal” son muy comunes en las historias relatadas por las familias manifestando que fueron dichas por el personal de salud, esto para algunas madres y padres aguerridos significó un reto personal el de contradecir los fatales pronósticos de los médicos, pero para otros menos preparados para situaciones adversas de la vida, significó el aislar a su hijo, no brindarle oportunidades de tratamiento y en muchos casos recurrir al maltrato como una forma de manifestar la impotencia vivida ante la situación de enfermedad de su hijo.

Otra manera en que se da el maltrato hacia las personas con discapacidad es en las instituciones de cuidado de los mismos, en muchas ocasiones dichas instituciones no realizan un control riguroso de las condiciones mentales de sus empleados, quienes al verse y sentirse en situación de poder frente a su paciente, abusan de el o le maltratan, es por eso indispensable realizar una exhaustiva selección de personal para asegurar que la persona que esta a cargo del cuidado, enseñanza o atención de personas con discapacidad, no solo tenga los estudios y la preparación sino además las características humanas que le permitan atender con cariño y entrega las necesidades especiales de la población con la cual trabaja.

Es importante resaltar que el maltrato no solo se realiza por acción sino también por omisión, la indiferencia hacia la persona con discapacidad es una forma de maltrato muy frecuente, ignorar y desatender las necesidades del niño con discapacidad o al contrario la sobreprotección son maneras de maltrato, cuando a un niño con discapacidad el padre o cuidador le hace todo, el niño se siente agredido pues le están incapacitando más de lo que su enfermedad ya lo hace.

De igual manera la sociedad permanentemente vulnera los derechos de las personas con discapacidad, cuando se dejan llevar por los prejuicios y no aprenden y conocen más acerca del tema, cuando se le niegan oportunidades de empleo y estudio a una persona, cuando las entidades construyen edificios inaccesibles a quienes viven con una discapacidad.

Son múltiples las maneras en las que se le pueden vulnerar los derechos a los niños y personas con discapacidad, pero de igual manera hay múltiples formas de luchar contra el maltrato en las familias e instituciones, la primera forma es la información, cuando el personal medico se asesora adecuadamente que a pesar de la discapacidad una persona con buen proceso de rehabilitación y afecto familiar puede desarrollarse y tener una óptima calidad de vida, de igual manera puede dar esperanzas a las familias, que inician el proceso de rehabilitación, de igual manera si las familias se informan acerca de los aspectos de la discapacidad de su hijo, conocerán los mejores tratamientos a seguir y la mejo manera de colaborar con el mismo, también se deben generar políticas de sensibilización a la población en general del tema de la discapacidad y formación a nivel universitario que permita que los profesionales desde su rama sean sensibles y preactivos frente al tema.

La responsabilidad que queda es grande y es la de velar por que los derechos de las personas y los niños con discapacidad no se vulneren y que puedan desarrollarse en todos los aspectos de su vida.